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Cómo la Fuerza Aérea de EE.UU. derriba a su industria espacial

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Lejos de permitir el desarrollo tecnológico, la política para incentivar la industria espacial de EE.UU. está llevándolo a la pérdida de terreno en un sector muy competitivo.
Cómo la Fuerza Aérea de EE.UU. derriba a su industria espacial

Varias han sido las decisiones tomadas por la Fuerza Aérea de EE.UU. que no hacen sino destrozar su propia industria aeroespacial, opina Dan Goure, vicepresidente del instituto de investigación de Lexington, en una nota publicada en la revista norteamericana 'The National Interest'.

Entre esas decisiones, según el analista, está el inicio de un programa para el desarrollo de un nuevo sistema de lanzamiento, atrayendo a nuevos competidores que se reparten un mercado de baja demanda. Además, existe una competencia que prioriza el precio y no la seguridad tecnológica, así como la planificación de vuelos utilizando propulsores que no han sido debidamente probados.

Demasiados competidores y proyectos

Las principales compañías norteamericanas que actualmente compiten por el mercado de lanzamientos espaciales son United Launch Alliance (ULA) y Space-X. La primera presenta un registro de cien lanzamientos exitosos seguidos y utiliza los motores RD-180 de doble cámara de combustión de fabricación rusa. La segunda, continúa con el proceso de certificación de sus cohetes reutilizables Falcon 9.

A pesar de ello, la Fuerza Aérea, que ya han pedido al Gobierno la autorización para la compra de 18 cohetes rusos RD-180 adicionales, deciden complicar aún más el panorama ingresando a un nuevo competidor: Orbital ATK, que proveerá un nuevo sistema de lanzamiento basado en los misiles balísticos internacionales Minuteman.

El Pentágono insiste en que depende de los cohetes rusos al menos durante seis años más

El uso de los cohetes Minuteman, según el experto, disminuirá el precio de los lanzamientos y debilitará a la industria norteamericana de motores espaciales. Esto podría ocasionar la salida de algunas de las compañías involucradas tras la caída de la demanda de sus productos.

Todo esto refleja un comportamiento extraño del Gobierno estadounidense, según el autor del artículo. Por un lado, el Pentágono insiste en que depende de los cohetes rusos al menos durante seis años más. Por otro, toma el riesgo de lanzar misiones con cohetes no probados e impulsa un proyecto que podría destruir el negocio. Ante este panorama Dan Goure se pregunta si no hubiera sido más fácil simplemente volar las bases espaciales Cabo Cañaveral y Vandenberg, puesto que de todas formas la Fuerza Aérea de EE.UU. parece empeñada en impedir su propio acceso al espacio, concluye el artículo. 

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