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¿Morir con dignidad? Una ventana hacia la mente de los suicidas de la Ballena Azul

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RT habla con un experto en psicología y salud mental acerca de los factores que empujan a los adolescentes en dirección al mortal desafío.

Las ballenas, animales que misteriosamente nadan hasta las costas para acabar muriendo allí de forma agónica, se han convertido en un símbolo para los niños y los adolescentes que piensan en el suicidio. De ahí que haya surgido la infame tendencia entre muchos jóvenes —generalmente de entre 13 y 15 años— de participar en un macabro juego conocido como 'Ballena Azul', que contabiliza ya cientos de víctimas alrededor del mundo.

El juego consiste en 50 desafíos que el adolescente debe superar, asignados a través de redes sociales o grupos de mensajería por un contacto de referencia conocido como 'curador'. Algunos de esos retos parecen inocuos, como dibujar una ballena en un papel; otros se tornan más oscuros, como ver películas de terror durante toda la noche. La cruda realidad es que con cada prueba finalizada los jóvenes dan un paso en dirección a la muerte, pues el último desafío es el suicidio.

Una ventana hacia el suicida

Decir que estos jóvenes son víctimas de trastornos mentales —depresión, ansiedad, etc.— o de riesgo psicosocial —vulnerabilidad económica, bajo nivel sociocultural, etc.— equivale a "explicar, no a analizar" el problema y esto "no nos enseña nada sobre el fenómeno en cuestión", comenta a RT Juan José Martínez, investigador en psicología y salud mental de la Universidad de San Buenaventura (Colombia).

Como alternativa, el especialista sugiere comenzar por un análisis del desafío en sí mismo: Martínez se refiere al juego de la Ballena Azul como un tipo de 'ventana' o 'balcón' desde el cual el adolescente y su dinámica con el entorno pueden ser observados y analizados por otros individuos. Algunos de ellos tratan de ayudar, como familiares y entidades de salud, pero otros desafortunadamente se suman al mortal desafío, especialmente jóvenes con predisposición al suicidio.

Lazos sociales mortíferos

Al observar este fenómeno desde ese 'balcón', Martínez primeramente nota que "el que este tipo de prácticas sean replicadas por otros habla precisamente de un fenómeno identificatorio [del adolescente] a una masa social". El especialista señala que tal comportamiento se ha repetido en diferentes momentos de la historia; por ejemplo, a través del denominado 'efecto Werther': un aumento en la tasa de muertes autoinfligidas justo luego de que un caso de suicidio —especialmente si se trata del de una persona reconocida— alcance los medios de comunicación. Ejemplo de ello es la ola de suicidios que tuvo lugar después de que Kurt Cobain acabara con su vida en abril de 1994.

Por otra parte, América Latina ha experimentado fenómenos similares. A finales de los años 30 del siglo pasado, titulares de prensa en Colombia informaban acerca del 'Club de los suicidas de Armenia', un exclusivo círculo social de la ciudad en el que sus miembros, además de reunirse a beber copas, eventualmente debían terminar con su propia vida. Para Martínez, estos ejemplos muestran que el problema va más allá de una búsqueda de aceptación social: los jóvenes se encuentran "solos y librados a identificarse con grupos precarios y mortíferos", lo que ocasiona que los adolescentes vulnerables se queden 'varados' en el juego de la Ballena Azul".

¿Perdidos para siempre?

Es en este punto que, según Martínez, se efectúa en el adolescente un fenómeno conocido como' alienación': el individuo pierde tanto su autonomía como su fuerza de voluntad. Es así como los sujetos en el juego quedan vulnerables a las amenazas y el 'lavado de cerebro' por parte de un curador, al grado que —en palabras del creador del desafío— pueden ser convencidos de que son "residuos biológicos" y de que deben acabar con su vida para "limpiar la sociedad".

Detrás de ese 'lavado de cerebro' podría encontrarse un concepto básico para el ser humano: la dignidad, que —de acuerdo con el pensador del siglo XVIII Immanuel Kant— se fundamenta tanto en la autonomía del individuo como en su fuerza de voluntad. Para Kant, citado por el filósofo Mark White en 'Psychology Today', cada persona tiene "un valor intrínseco más valioso que cualquier medida de felicidad o tristeza, beneficio o daño, ya sea para sí misma o para otras personas", pero si detecta que su autonomía y voluntad se le van de las manos —o es convencida de esto— puede llegar a optar por "morir con dignidad".

Esteban Azofeifa

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