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La isla española de Menorca estuvo a punto de ser rusa en dos ocasiones

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Esta pequeña isla del archipiélago balear fue un enclave Mediterráneo muy deseado por las potencias mundiales durante los siglos XVIII y XIX.
La isla española de Menorca estuvo a punto de ser rusa en dos ocasiones

La isla española de Menorca podría haber sido rusa en dos ocasiones a lo largo de su historia. Así lo ha recordado esta semana el canal autonómico balear IB3, en una mirada retrospectiva en la que destacan dos episodios, separados entre sí por 40 años, en los que Rusia podría haberse adueñado de la isla más occidental de las Baleares. 

Conquistada por los musulmanes en el año 903, por la Corona de Aragón en 1287, por los británicos en 1708, por los franceses en 1756 y por los españoles en 1781, la isla presenta una accidentada historia de conquistas en la que los rusos estuvieron también a punto de dejar su huella, pero siempre a través de la diplomacia y sin usar la fuerza militar. 

La primera vez que Menorca fue ofrecida a Rusia fue en 1775, en tiempos de la zarina Catalina la Grande. El profesor e historiador Miquel Ángel Casanovas, experto en la historia de la isla y las sucesivas dominaciones a las que estuvo sometida, nos explica el contexto: "Eran los años de la Guerra de la Independencia de los EE.UU., en la que se involucraron posteriormente Francia y España, dando apoyo a los colonos rebeldes de Norteamérica; y en esta guerra la Gran Bretaña luchaba sola, y buscaba aliados desesperadamente". 

Y aquí es donde aparece Rusia en la ecuación: "Hubo negociaciones entre el embajador británico en San Petersburgo, James Harris, y el político ruso Grigori Potemkin, el favorito de la zarina Catalina la Grande, para intentar que Rusia, de algún modo, entrara en la guerra de Estados Unidos". Casanovas explica que, en tal situación, "había que dar algo a cambio, y una de las posibles compensaciones de la entrada de Rusia en la guerra podría ser la isla de Menorca".

Miquel Ángel Casanovas, profesor e historiador.
Miquel Ángel Casanovas, profesor e historiador.
"Menorca sirvió como un cebo para tentar la entrada de Rusia en la guerra, pero al parecer fue la propia zarina la que se negó a dar este paso".

Rusia podría haber estado muy interesada, efectivamente, "en tener alguna base en el Mediterráneo", tal como subraya el historiador, porque para llegar hasta este mar, o daba toda la vuelta a Europa por el Atlántico, o bien accedía a través de los estrechos del Mar Negro, lo cual, "debido a las numerosas guerras contra el Imperio Otomano, era difícilmente practicable". "Por lo tanto, en aquel momento –resume el profesor– Menorca sirvió como un cebo para tentar la entrada de Rusia en la guerra, pero al parecer fue la propia zarina la que se negó a dar este paso", por lo que las negociaciones no prosperaron. "De todas formas –advierte Casanovas– el acuerdo habría sido inviable porque España acabó conquistando militarmente la isla poco después, en 1781".

En 1815, Menorca volvía a perfilarse como una posible moneda de cambio entre países. Tras el enfrentamiento contra las tropas francesas de Napoleón en la Guerra de la Independencia (1808-1814), "España se encuentra en una situación realmente crítica", explica Casanovas. "El rey Fernando VII vuelve al poder e impulsa el regreso del absolutismo –continúa narrando el historiador–, lo cual crea toda una problemática interna, pero además están en plena rebelión los territorios americanos, que se quieren independizar, y el país está completamente arruinado, con una deuda enorme y sin los abundantes ingresos que antes llegaban de América. Así que, de algún modo, necesitan apoyo internacional". 

De nuevo, adivinen quién entra en escena. "Hubo negociaciones con un agente ruso, Dmitry Tatíshchev [ministro plenipotenciario de Rusia en Madrid, por aquel entonces] en las que el Gobierno de Fernando VII compró varios buques de guerra rusos para poder llevar tropas a América, y también estuvo Menorca sobre la mesa", asegura Casanovas. No obstante, esta vez sería diferente. Tal como explica el profesor, "se trataría más bien de una cesión mediante algún sistema de arriendo o algo así, más que de una cesión de soberanía". En concreto, "se habría tratado más bien de permitir a los buques rusos utilizar el puerto menorquín de Mahón como base de manera temporal".

Miquel Ángel Casanovas, profesor e historiador.
Miquel Ángel Casanovas, profesor e historiador.
"Para los británicos, Rusia debía ser una potencia incómoda en el Mediterráneo, y neutralizaron rápidamente este propósito".

Casanovas señala que en esa misma época los EE.UU. ya utilizaban así el puerto de Mahón. "Lo tuvieron como base naval estable durante bastantes años, desde 1825 hasta 1845, para la flotilla que mantenían en el Mediterráneo; o sea, que lo de Rusia no habría sido nada inverosímil".

Pero, tal como apunta el historiador, para Gran Bretaña, "que siempre tiene el ojo puesto sobre lo que pasa en Menorca", no era lo mismo, y se opuso mediante "presiones diplomáticas". "Para los británicos, Rusia debía ser una potencia incómoda en el Mediterráneo, y neutralizaron rápidamente este propósito", recuerda Casanovas.

El profesor cree que, en caso de que Rusia hubiera dispuesto del puerto de Mahón en aquella época, "hubiera sido otro actor en el dominio del Mediterráneo, pero ni Gran Bretaña ni Francia estaban interesadas en que Rusia estuviera por la zona".

Menorca es territorio español desde 1802 y actualmente tiene una población de más de 90.000 habitantes. Sus atractivas playas, su peculiar legado cultural y su ambiente apacible convierten esta isla en un agradable destino turístico, y continúa siendo una apreciada joya del mar Mediterráneo... aunque probablemente por motivos muy diferentes a los que tenían las potencias mundiales para disputársela hace siglos. 

David Romero

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